La Universidad de León impulsa un estudio para detectar y abordar la soledad no deseada, que afecta al 15% de su estudiantado de grado

Lucía Llamazares, la rectora Nuria González y Amparo Martínez, durante la presentación del estudio. 
  • El estudio, elaborado por investigadores de la Escuela Universitaria de Trabajo Social, revela que el 71,7% del estudiantado ha experimentado síntomas de ansiedad o depresión en algún momento y que más del 56% no participa en actividades de la vida universitaria
  • El análisis refleja el impacto de la hiperconexión digital en la interacción en el campus y señala que en torno al 22% del alumnado encuestado presenta soledad social
  • La Universidad ha iniciado el análisis de los resultados para explorar líneas de actuación orientadas a reforzar la convivencia, la participación y el bienestar emocional del estudiantado
  • Las investigadoras plantean la creación de un Observatorio de la Vida Estudiantil, junto al impulso de programas de mentoría y el refuerzo del papel de los delegados de clase como agentes de detección temprana y apoyo al estudiantado

León, 10 de junio de 2026. El 71,7% del estudiantado de la Universidad de León afirma haber experimentado síntomas de ansiedad o depresión en algún momento, mientras que el 56,1% no participa en actividades, asociaciones o clubes universitarios. Además, el 15% presenta un grado significativo de soledad emocional o social en el entorno universitario.

Son algunos de los resultados que arroja ‘Prevalencia de la soledad no deseada en estudiantes de grado de la Universidad de León’, un estudio desarrollado por investigadores de la Escuela Universitaria de Trabajo Social a partir de una muestra de 370 estudiantes y que ofrece una radiografía rigurosa de esta realidad en el ámbito universitario.

Un estudio que, según destacó la rectora de la ULE, Nuria González, constituye una base sólida para la identificación de posibles líneas de actuación. “Desde la Universidad tenemos el compromiso de atender el bienestar de nuestros estudiantes y comprender las realidades que condicionan su experiencia universitaria y este estudio es clave para poder actuar”.

Por ello, la Universidad ya ha iniciado el análisis de los resultados en coordinación con los Vicerrectorados de Estudiantes, Cultura y Deportes e Inclusión, Igualdad y Proyección Social, con el objetivo de explorar líneas de actuación orientadas a reforzar la convivencia, la participación y el bienestar emocional del estudiantado.

Así lo ha señalado la rectora durante la presentación de los resultados, a cargo de sus autoras, Lucía Llamazares y Amparo Martínez, que ha recordado que el estudio se enmarca en una línea de investigación consolidada en la Escuela, que inicialmente abordaba la soledad en la población mayor y que ha evolucionado hacia el análisis de su impacto en la juventud, dado el creciente interés y preocupación por esta realidad en los ámbitos institucional, académico y social.

ANSIEDAD, DESCONEXIÓN SOCIAL Y BAJA PARTICIPACIÓN

Entre los principales resultados del estudio se observa un patrón en el que conviven una percepción generalmente positiva del estado de salud con la presencia de malestar emocional significativo.

En este contexto, una parte importante del estudiantado reconoce haber experimentado ansiedad o depresión en algún momento. Asimismo, se constata una baja participación en actividades universitarias, lo que reduce los espacios de socialización y dificulta la integración en la vida del campus.

En este sentido, las investigadoras advierten de la existencia de una “normalización del malestar”, en la que el bienestar emocional queda invisibilizado frente al rendimiento académico o la apariencia de funcionamiento cotidiano, lo que dificulta su detección temprana tanto por parte del entorno como de la propia institución.

AISLAMIENTO, DIGITALIZACIÓN Y BRECHA RELACIONAL

La investigación identifica varios factores asociados a la soledad no deseada en el entorno universitario. Entre ellos destacan la sobrecarga académica percibida, la desvinculación de redes sociales previas al acceso a la universidad, los conflictos familiares y factores personales como la introversión o la dificultad para establecer nuevos vínculos.

El informe introduce además el concepto de “muro de las pantallas” para describir el impacto de la hiperconexión digital, especialmente a través de redes sociales como WhatsApp, Instagram o TikTok, que estaría contribuyendo a una menor interacción presencial en el campus.

En el ámbito relacional, aunque cerca del 70% del estudiantado mantiene relaciones presenciales en el aula, más de la mitad califica estas interacciones como regulares o negativas. A ello se suma que un 56% no participa en actividades extracurriculares, lo que limita su ecosistema social.

Otro de los datos relevantes es la denominada “brecha de ayuda”, ya que el 77% de los estudiantes que perciben necesidad de apoyo profesional no sabe a qué recursos acudir dentro de la institución.

El análisis diferencia entre distintos tipos de soledad. La soledad emocional afecta a aproximadamente una cuarta parte del estudiantado, vinculada a la percepción de desconexión afectiva incluso en contextos acompañados.

La soledad social, relacionada con la falta de integración en grupos y actividades, alcanza en torno al 22% del alumnado encuestado. Por su parte, el índice global de soledad se sitúa en torno al 15%, lo que ofrece una fotografía cuantitativa del bienestar relacional en el entorno universitario.

OBSERVATORIOA DE LA VIDA ESTUDIANTIL

El trabajo recoge propuestas del estudiantado y del equipo investigador orientadas a reforzar la integración universitaria: creación de espacios de convivencia, impulso de redes de apoyo, campañas de sensibilización en salud mental y mejora del acceso a los servicios psicológicos.

También se plantea reforzar figuras como los delegados de clase como agentes de detección temprana, impulsar programas de mentoría y promover formación específica para PDI y PTGAS en la identificación de situaciones de vulnerabilidad.

Como elemento estructural, se propone la creación de un Observatorio de la Vida Estudiantil, que permita centralizar el seguimiento del bienestar del alumnado y fundamentar las políticas universitarias en datos objetivos.

Las investigadoras concluyen que la soledad no deseada no debe entenderse como un problema individual ni institucional, sino como un fenómeno estructural que exige continuar avanzando en el conocimiento y en la respuesta coordinada.

Propuestas que, según ha destacado la rectora, ya están siendo analizadas en el marco del compromiso de la Universidad de León con el refuerzo del Programa de Apoyo Psicológico y con nuevas iniciativas de acompañamiento y bienestar emocional.