Un estudio liderado por los investigadores Leonor Calvo, José Manuel Fernández Guisuraga y David Beltrán Marcos revela que la combinación de sequía acumulada, baja humedad atmosférica, fuertes vientos y una elevada carga de combustible vegetal fue determinante en la magnitud de los incendios del verano de 2025, que arrasaron más de 524.000 hectáreas